La oxidación de la piel es parte del proceso natural de envejecimiento. Se dice que los antioxidantes contrarrestan este fenómeno, y por eso se han convertido en ingredientes clave de los tratamientos para el cuidado de la piel.
En gran medida, la causa de la oxidación es la creación de radicales libres a nivel celular, cuando la piel es expuesta a luz ultravioleta. Los antioxidantes evitan que los radicales libres ataquen las células de la piel.
Entre los antioxidantes hay compuestos como la vitamina C y E, el zinc, el cobre y el betacaroteno. También los hay en la naturaleza: té verde, granadas, bayas del café, semillas de uva, aceitunas y hongos.
“Cada vez hay más estudios que prueban su eficacia para reducir las arrugas y la inflamación”, dice Patricia Farris, dermatóloga estadounidense y consultora para la industria de belleza. Sin embargo, otros expertos advierten que se debe ser cauteloso en cuanto a las supuestas virtudes de los antioxidantes.
Un aspecto que se ha cuestionado es su absorción: si bien los antioxidantes orales circulan por el cuerpo donde los absorben las células, la pregunta es si los antioxidantes tópicos no se eliminarían por el efecto del agua o del roce de las manos sobre la cara antes de que la piel los pueda aprovechar. La doctora Farris afirma que numerosos estudios han confirmado que, en efecto, los antioxidantes pueden ser absorbidos por las células de la piel.
Otro tema controvertido es la concentración: ¿Qué cantidad se necesita para que sean efectivos? Si bien hay dosis tan bajas que no sirven de mucho, también las hay tan altas que provocan irritaciones en la piel. El consenso es que hay una concentración óptima para cada antioxidante.
En conclusión, busca un producto que te dé la apariencia y la sensación que deseas, sin causarte problemas.
Por Roberto González
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